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GDC | §2.1 – Color dependiente del dispositivo

< §1.11 – Instrumentos de medición del color

Cualquier equipo o dispositivo que sea capaz de crear color, como por ejemplo una pantalla o un sistema de impresión, utiliza como datos ciertos números que indican qué cantidad de sus colores primarios debe utilizar para formarlo. Un monitor requiere tres valores RGB para sintetizar un color en su pantalla, una impresora necesita cuatro cantidades CMYK para saber cuánta tinta depositar en el sustrato, etc. Podemos pensar cada dispositivo como una “caja negra” que recibe “números” en su entrada y produce “color” en su salida.

Color dependiente del dispositivo
Dispositivos genéricos visto como una “caja negra” que recibe valores o números de entrada (RGB o CMYL, según la tecnología empleada) y produce color.

Si bien podemos anticipar aproximadamente que color resultará de cierta combinación particular (por ejemplo, 100% de cyan y de amarillo será verde) en general no estamos en condiciones de obtener cualquier color deseado dentro de una tolerancia estrecha establecida de antemano. A esto se agrega, además, que aún obtenido un color específico en cierto dispositivo, no podemos asegurar que repitiendo los valores de entrada usados en otro dispositivo obtengamos exactamente el mismo color, siempre dentro de esa tolerancia. Si queremos tener controlado el color generado, se nos aparecen así dos problemas:

  • No estamos en condiciones de predecir exactamente qué color resultará ante ciertos valores de entrada del equipo en cuestión;
  • Los valores de entrada que producen un cierto color en un determinado equipo no necesariamente producen el mismo color en otro, aún siendo similar.

Notemos además que esto último ni siquiera sería posible si un determinado color impreso quisiera reproducirse con exactitud en una pantalla (o viceversa) ya que los valores de entrada de uno (CMYK) son diferentes del otro (RGB). Luego:

Los equipos, dispositivos o tecnologías que producen color lo hacen a partir de un cierto sistema RGB o CMYK que indica simplemente cuánto de cada uno de sus primarios debe utilizarse. Estos sistemas de color se llaman dependientes del dispositivo (device dependent).

Estos sistemas contrastan con los vistos hasta aquí (XYZ, L*a*b*) donde las tres cantidades especifican el color con independencia de cualquier tecnología, ya que están basados solamente en la percepción humana del color:

Los sistemas de color como el CIE XYZ y sus derivados (CIE L*a*b*, CIE L*C*h*, etc.) se denominan independientes del dispositivo (device independent), ya que en su formulación no interviene ninguna tecnología de producción de color.

Para hacer aún más clara la diferencia entre ambos sistemas, pongamos un ejemplo. Un equipo de impresión produce una muestra impresa de determinado color. Para comunicar ese color, podría hacerlo de dos maneras:

  1. Indicar los valores de CMYK empleados para su impresión;
  2. Medir el color resultante y expresarlo en L*a*b*.

En determinados contextos (por ejemplo, dentro del propio taller de impresión donde se realizó el trabajo) ambas soluciones se presentan como válidas; de hecho la primera parece más simple, ya que me suministra los datos para volver a reproducir ese color cuando lo desee. Sin embargo presenta algunos problemas:

  • Sólo es válida para ese sistema de impresión particular. Si debo cambiar de equipo (imprimirlo en otro taller) esos valores CMYK ya no serán válidos;
  • Asume que el sistema en cuestión no cambia en el tiempo. Un cambio en el sustrato (otro papel), en las tintas (otro lote o marca), o el propio envejecimiento y desgaste del equipo producirá un color distinto aún repitiendo esos números CMYK.

En esencia, la administración de color (color management) procura obtener consistencia y exactitud en la reproducción de color a pesar de los factores que operan en su contra.

§2.2 – El problema central de la administración del color >