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GDC | §2.2 – El problema central de la administración del color

< §2.1 – Color dependiente del dispositivo

¿Qué significa obtener consistencia y exactitud en la reproducción de color? Pensemos que cada reproducción de color es en última instancia una transformación desde valores digitales RGB o CMYK a un determinado color (generado en una pantalla o impreso). La complejidad de este proceso oculta que esa transformación es específica del dispositivo empleado y no es necesariamente universal. La verificación de esto consiste en enviar “los mismos valores” (el mismo archivo, digamos) a otros dispositivos “similares” (otras pantallas o impresoras) y notar que el resultado dista de ser “idéntico”. Lógicamente, si los dispositivos son del mismo tipo, podremos esperar mejor concordancia, pero si el propósito de administrar el color es obtener un color determinado dentro de una estrecha tolerancia no podemos simplemente esperar que los dispositivos sean lo suficientemente parecidos.

Si enviar los mismos valores a dispositivos distintos no produce el mismo color, entonces para obtener el mismo color en ambos será necesario enviar a cada uno valores diferentes. Un objetivo de la administración de color es determinar cuáles deben ser esos valores distintos.

Como ejemplo, se presenta abajo un cierto sistema de impresión (FOGRA29, offset de bobina, papel sin encapar) donde se muestran aproximadamente el aspecto que tienen los plenos de los colores de proceso y sus bicromías. Por encima y por debajo, se muestran los porcentajes de tinta que serían necesarios en los sistemas FOGRA39 (offset de pliego en papel encapado), FOGRA28 (offset de bobina en papel escapado) y una cierta impresora inkjet para obtener exactamente esos mismos colores.

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Cada columna representa una posible transformación entre sistemas que preserva el color. Tomemos como ejemplo la columna correspondiente al rojo (CMYK: 0, 100%, 100%, 0). La tabla nos dice que el color así obtenido en FOGRA29 se puede reproducir en FOGRA39 pero con los porcentajes CMYK: 4%, 82%, 64%, 1%. El problema de cómo se obtienen estos valores lo veremos luego; la intención aquí es poner de manifiesto que reproducir el mismo color en sistemas diferentes exige calcular u obtener valores modificados.

Basados en este ejemplo, llamaremos sistema o espacio de color de origen al sistema en el cual se expresa originalmente el color deseado (en este caso FOGRA29) y llamaremos sistema o espacio de color de destino al sistema distinto del primero en el que también se desea reproducir ese color.

Cada impresora, pantalla, cámara fotográfica, escáner, etc. es potencialmente un espacio de color de origen y también de destino, según entre qué dispositivos buscamos hacer la conversión. Supongamos entonces que mi sistema CMYK de referencia es una impresora offset de bobina, y mi sistema RGB habitual es el que emplea mi cámara digital. Imaginemos tener tres potenciales sistemas en los cuales quiero reproducir el mismo color: un sistema offset de pliego, un monitor y una impresora inkjet. Como cada posible sistema de origen y de destino necesitan su propia transformación, en este caso tendremos 6 posibles transformaciones. En general, si tenemos N sistemas de origen y M sistemas de destino, tendremos N x M transformaciones posibles.

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Si a este esquema tuviéramos que agregar un nuevo destino, sería necesario definir N nuevas transformaciones (desde cada origen al nuevo destino). De la misma forma. el agregado de un nuevo origen implicaría definir otras M nuevas transformaciones.

Una forma de ver la complejidad que este esquema representa consiste en tomar una red telefónica como analogía. Si para conectar dos personas entre sí fuera necesario tender un cable desde una hacia otra, serían necesarios tantos cables como pares de personas diferentes hubiera en la red[1]. Además, el agregado de cada nueva persona al sistema obligaría al tendido de un cable por cada persona ya existente.

Este esquema nos sirve para presentar lo que llamaremos el problema central de la administración del color:

Obtener un esquema práctico de comunicación entre dispositivos que realice las transformaciones necesarias para lograr preservar lo mejor posible la información de color.

La solución propuesta a nuestro problema sigue bastante de cerca nuestra analogía telefónica. La comunicación entre dos personas no se realiza mediante un cable directo que las une, sino que cada abonado se conecta a una central que es la encargada de encaminar la comunicación al destino correcto. De esta forma, sólo es necesario que cada nuevo abonado se conecte a la central mediante el tendido de un único cable, con independencia de cuántas abonados tiene la red.

Siguiendo este camino, la solución a nuestro problema consiste en obtener para cada dispositivo una transformación entre sus valores de color (expresados en RGB o CMYK según el equipo) y las coordenadas de color correspondientes expresadas en un sistema independiente del dispositivo. Ese sistema independiente (en la práctica CIE XYZ o CIE L*a*b*) oficia de punto central para la comunicación entre equipos distintos. De esta forma, cada dispositivo que participa de la comunicación de color sólo debe proveer una transformación desde su espacio de color a otro independiente, fijo, según el nuevo esquema que se muestra abajo.

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Cada transformación consistirá, entonces, en establecer una relación entre cada conjunto de valores de entrada del dispositivo y el color correspondiente obtenido.

§2.3 – El perfil de color >

1 En este caso, si N es el número de personas en la red, la cantidad de “destinos” para las llamadas de esas personas es N – 1 (todas menos ella misma), con lo cual la cantidad de cables a tender es N x (N – 1).