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¿Qué #%@*&! es la administración de color?

Ante todo, podríamos perfectamente anteponer la pregunta: ¿por qué el color debe ser administrado, después de todo? ¿Alguien en su sano juicio duda que si elijo en la paleta de Photoshop un color RGB igual a (255, 0, 0) el resultado sea otro que rojo? ¿O que si imprimo tinta amarilla sobre tinta cyan me dé algo diferente de verde?

Como tantas otras cosas, la respuesta dependerá del mayor o menor conocimiento y experiencia que tengamos de este tema. Me explico: viajando por la ruta veo una vaca en el campo. Un ganadero ve que en “realidad” es un ejemplar de Abeerdeen Angus. Lo que “vemos” está necesariamente relacionado con nuestro conocimiento y nuestra experiencia pasada. De la misma manera, los no entendidos verán (como los chicos en Jardín de Infantes) cualquier superposición de tintas cyan y amarilla como verde (el famoso “azul” + “amarillo” = “verde”). Nosotros sabemos (o deberíamos saber) que el color preciso de esa superposición, sin dejar de ser algún tipo de verde, depende de las tintas empleadas, de las cantidades exactas utilizadas y hasta del papel que se utilice. En algunas aplicaciones, saber que el resultado es verde (algún verde) alcanza; en otras, es necesario saber con la mayor precisión posible qué verde es.

Para abordar el problema, presentemos un ejemplo clásico, que todos mis alumnos debieron soportar: una casa grande de electrodomésticos suele tener exhibidos una gran cantidad de televisores, muchas veces de la misma marca y modelo, todos sintonizados en el mismo canal. Los que trabajamos con color observamos que no hay dos que presenten exactamente el mismo color. Sin embargo, si el equipo es el mismo, y el canal también, ¿por qué se ven diferentes?

La respuesta obvia es que lo que asumimos como equipos iguales no lo son en realidad, debido a que es industrialmente imposible construir dos dispositivos idénticos; luego, si somos exigentes en cuanto a la exactitud del color, debemos considerar cada equipo como único en el mundo.

Llevemos esto a la gráfica, y pensemos en nuestra computadora con su monitor como nuestro “televisor”, y la imagen con la que estamos trabajando en Photoshop como nuestro “canal”. Más de uno habrá observado que si otra persona abre esa misma imagen en otro equipo, el color no es exactamente igual (sobre todo si ponemos los monitores lado a lado); ni hablar de comparar esa imagen con una versión impresa. Entonces, si acepto la idea de que cada equipo tiene su manera particular de tratar el color, ¿cómo puedo lograr que una misma imagen se vea igual en equipos diferentes? ¿O que lo que veo en mi monitor sea “igual” a lo que veré luego impreso? ¿Es posible lograr esto siempre? Si no, ¿cuándo es posible y cuándo no?

Las mejores respuestas a estas cuestiones que disponemos hoy en día se encuentran en la técnica conocida como Administración de Color (Color Management). Personalmente, yo la defino así:

Es el conjunto de dispositivos, técnicas y conocimientos necesarios para predecir el color que obtendré de un dispositivo dado (monitor, impresora, escáner, cámara digital, proyector) en condiciones dadas, y así lograr la mejor forma posible de comunicar el color entre diferentes equipos.

¿La administración de color es la respuesta a TODOS los problemas relacionados con el color? Para ser honestos, no. Como cualquier solución, el resultado será tanto mejor cuanto más cerca estemos de las condiciones ideales para las cuales esa solución se ha desarrollado.

Pero la buena noticia es que el ámbito donde mejor se aplica es la gráfica (no es para sorprenderse: es esta industria la que justamente impulsó su desarrollo). Para obtener sus frutos, sin embargo, no podemos permanecer ignorantes de su funcionamiento. Al menos en el estado actual, quien utilice la administración de color DEBE entender cómo opera; de lo contrario puede llegar a ser peor el remedio que la enfermedad.

La experiencia que he acumulado en estos años, tanto en el ámbito profesional como en el docente y en el de divulgación, me sugieren una idea de dónde están las principales dificultades en el entendimiento de esta tecnología. Los siguientes apuntes pretenden echar algo de luz sobre estas cuestiones para ayudar en su comprensión.

Los principios de la administración de color

La administración de color, para que funcione, debe adoptarse como una filosofía. Una manera de pensar dentro de sus límites es conocer un conjunto de reglas que nos guíen en este camino. Este podría ser un tal conjunto:

El primer principio, o sobre qué tanto se parecen entre sí los equipos que manejan color

Luego de haber respondido la pregunta ¿qué es la administración de color?, algo debemos tener en claro: un conjunto de tres números (si hablamos de RGB) o de cuatro números (si hablamos de CMYK) ya no representarán para nosotros un color si no decimos al mismo tiempo que aparato o dispositivo será el encargado de reproducir ese color utilizando esos números.

Entonces, el primer principio que debemos seguir es:

No podemos tratar a los dispositivos que captan color (cámaras, escáneres) o reproducen color (monitores, impresoras, proyectores) como si fueran iguales.

Por si aún no se comprende, esto significa que siempre debemos asumir que dos dispositivos distintos (por ejemplo dos monitores), aún siendo del mismo tipo, marca y modelo, reproducirán una misma terna de números RGB de diferente manera, mostrando colores diferentes. Lógicamente, es esperable menos diferencia entre dos equipos de la misma marca y modelo, que entre modelos diferentes, y aún entre marcas diferentes; ni hablar de tipos diferentes. Por ejemplo, sería ilógico esperar que un monitor y un proyector muestren el mismo color ante los mismos números RGB. Con este principio nos independizamos del hecho de qué tan diferentes pueden ser: para nosotros son TODOS diferentes.

El segundo principio, o sobre lo que hace falta para que comparar colores sea tan sencillo como comparar números

Ahora bien, ¿no existirá una manera de describir numéricamente un color de manera absoluta, independiente de cualquier aparato utilizado para “materializar” ese color?

La respuesta a esta pregunta se remonta a los estudios realizados por la Comisión Internacional de Iluminación o CIE, que se dedicó a estudiar la percepción humana del color (en última instancia, la igualdad de dos colores debe decidirla un ojo humano; lo que llamamos color no existe fuera de nuestros cerebros; ver aquí para una discusión de este tema). Esos estudios son algo complicados para exponerlos en esta nota; pero desde un punto de vista práctico, lo que nos interesa es que se desarrollaron una serie de sistemas que permiten describir un color mediante números que no dependen de un aparato específico, o mejor dicho, dependen de un aparato absoluto: el sistema ojo-cerebro.

En este punto sería válido preguntar: ¿qué tan absoluta es la visión humana? ¿No hay diferencias en la manera en que las personas ven los colores?

Debemos reconocer que, en la vida diaria, no encontramos casos donde una persona vea colores iguales donde otra, en las mismas condiciones, los vea distintos, lo que apuntalaría la idea de que la percepción del color es constante entre la población humana. De todas maneras, uno de los objetivos preliminares de esos estudios fue comparar la respuesta al color de una serie de sujetos, para establecer finalmente que, en efecto, la percepción del color entre los seres humanos (que no padezcan ninguna deficiencia en la visión, naturalmente) es muy uniforme.

Entre los sistemas “prácticos” elaborados por la CIE, quizás el más conocido sea el llamado sistema L*a*b*, normalmente escrito simplemente como Lab (léase “ele-a-be”), que utiliza (al igual que RGB) tres números L, a y b para describir un color (la razón para que sean tres puede leerse aquí). Este sistema es independiente del dispositivo; esto significa que tres números en Lab expresan sin ambigüedad un determinado color.

Una de las particularidades del sistema Lab es que separa el brillo (con más precisión la luminosidad) del “color en sí”, que queda expresado en las otras dos cantidades a y b. Luego, dos colores que tengan a y b iguales pero diferente L tendrán el mismo “tono” pero diferente “brillo”; de manera más mundana, el que tenga mayor L será una versión más clara del otro.

La ventaja de este sistema es que si dos colores tienen los mismos valores Lab, entonces podemos asegurar que el ojo humano los verá iguales; luego, sin necesidad de experimentar, podemos comparar colores simplemente comparando numéricamente sus repectivos Lab.

Esto nos lleva al segundo principio de la administración de color:

Para comparar colores numéricamente deben utilizarse sistemas independientes del dispositivo, como Lab.

El problema es que toda esta cuestión surge porque, en definitiva, lo que queremos son buenas “reproducciones” de color, reproducciones que se realizarán en RGB o en CMYK, y que conserven el mismo color al pasar de un equipo a otro. Por ejemplo, sería genial que una vez corregida una imagen y aprobada “en pantalla”, otra persona, en otro equipo, vea exactamente lo mismo que yo al recibirla. Ya sabemos que eso no sucederá (primer principio) sin tomar precauciones especiales. Si descartamos la posibilidad de prestarle mi monitor a esa otra persona para que vea el mismo color, lo que necesitamos es algo que “comunique color” y no simplemente que “comunique números”, y para ello necesito enviar junto con mi imagen suficiente información para que el destinatario sepa qué color estaba viendo en mi monitor.

El tercer principio, o sobre cómo saber qué color voy a obtener en un equipo antes de hacerlo

De acuerdo a lo analizado en el artículo precedente, el problema de “comunicar color” no es ya una cuestión científica como las estudiadas por la CIE, sino más bien una cuestión tecnológica; más precisamente, informática. Por ello, varias empresas de tecnología formaron una organización llamada Consorcio Internacional del Color o ICC (International Color Consortium) y establecieron un mecanismo para comunicar el color entre equipos. El resultado más visible de este mecanismo es la creación de un tipo especial de archivo, llamado perfil de color o también perfil ICC, aprovechando el trabajo de la CIE en la formulación de sistemas de color independientes. Su función es describir qué colores reproducirá un equipo determinado (expresados en Lab, por ejemplo) para cada posible combinación de RGB (si se trata de un monitor) o CMYK (si se trata de una impresora) que se le presente.

La mejor manera de entender un perfil de color es imaginarlo como una tabla con dos columnas. Supongamos que hablamos del perfil de color de un monitor: en la primera se colocan las combinaciones de números RGB desde (0, 0, 0), (0, 0, 1), (0, 0, 2), …, y así sucesivamente hasta (255, 255, 255). En la otra columna se colocan los valores Lab del color que ese monitor reproducirá para cada una de esas combinaciones. Debe quedar claro que, en cuanto se refiere al color, disponer de esta tabla es lo más parecido a disponer del propio monitor que describe.

El hecho de tener un perfil de color de un determinado equipo me permite saber qué color se materializará cuando se le presenta un cierto conjunto de números; por ejemplo, tener el perfil de un monitor particular me permitirá anticipar qué color se verá en cierta parte de la imagen cuyos números RGB son (250, 180, 20), con muchísima más precisión que simplemente anticipar que será alguna clase de naranja.

Entonces, el tercer principio será:

Todo equipo que se considere ‘adulto’ para la administración de color, deberá poseer un ‘documento de identidad de color’ en la forma de perfil ICC.

¿Cómo obtener un perfil de color de un equipo? Esencialmente se necesitan dos cosas:

  • Un instrumento capaz de medir color. En la práctica, un instrumento tal podrá ser un colorímetro o un espectrofotómetro, aunque para la creación de un perfil se prefiere este último;
  • Un programa (software) que utilice las mediciones hechas por el instrumento para crear el perfil, de acuerdo al método establecido por el ICC. Esto da como resultado un simple archivo, con extensión .icc, que bautizamos solemnemente como el perfil ICC del equipo.

En este punto suelen aparecer varias preguntas:

  • Entonces, para tener el perfil ICC de mi equipo, ¿debo tener ese instrumento y ese software?
    Y… sí. El primer principio nos lo exige, ya que no hay dos equipos iguales; nosotros debemos averiguar cómo responde este equipo en particular, y la única forma de hacerlo es medirlo.
  • ¿El fabricante no puede darme el perfil del equipo? En definitiva, lo construyó él.
    Ningún fabricante realiza las mediciones en cada unidad producida por una cuestión de tiempo y costo; a lo sumo, ensaya lotes de equipos “iguales” (es decir, mismo modelo) y obtiene un perfil “promedio”, que para uso en gráfica es tan útil como tratar de averiguar la temperatura actual conociendo la temperatura promedio del mes.
  • ¿Qué es un perfil genérico? ¿No es mejor esto que nada?
    Un perfil genérico se construye tratando de simular una determinada tecnología (de visualización, de impresión, etc.) o una reproducción de color “ideal” (es decir, imaginado o deseado). En casi todos los casos, usar un perfil genérico es, como dijo alguien, “usar los anteojos de otro”; me evita andar a ciegas, pero no es lo que debo usar.
    De todas maneras, ciertos perfiles que caracterizan condiciones ideales de reproducción son útiles en ciertos contextos. Un ejemplo lo constituyen ciertas condiciones estandarizadas de impresión, que un impresor debe seguir para apegarse a esa norma; aquí, en lugar de establecer un perfil de su máquina de impresión, trata en cambio de ajustar esa máquina para que responda de cerca a ese estándar.
  • Mac OS X y Windows proveen una utilidad para calibrar el monitor sin usar instrumentos, usando el ojo humano. ¿No puedo arreglarme con eso?
    El proceso de calibración de un monitor consiste en ajustarlo a ciertos parámetros prestablecidos, particularmente luminancia, gamma y temperatura de color. De éstos, el primero y el tercero dependen de medir la intensidad de luz de forma absoluta (no por comparación), con lo cual las calibraciones por software no sirven para fijar esos valores; el segundo sólo puede ajustarse suponiendo que el primero lo está, mediante comparaciones visuales que son difíciles de hacer y agotadoras para el ojo. Si bien con extremo cuidado puede llegarse a un ajuste “pasable”, es imposible esperar igualdad entre dos monitores adyacentes empleando este método.

La conclusión es que, en un entorno de trabajo profesional, no puede prescindirse de un instrumento apropiado. Cuando hace 10 años empecé a trabajar en esto, los costos eran realmente elevados; hoy el precio de un “kit” de medición (instrumento + software) es razonable.

Publicado enColor Management

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