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Reglas para la conversión de imágenes a CMYK

Dios creó RGB. El hombre creó CMYK. ¿Con cuál te vas a quedar?

Esta frase, que hallé en un artículo de Andrew Rodney en su sitio web The Digital Dog (Tips > March 2007: CMYK Part 1, buscar PDF después de la mitad de la página), sintetiza quizás el núcleo de los problemas que encontramos al hacer el tipo de conversión que menciona el título. Lo que sigue es una reflexión sobre esto y algunas reglas que quizás sean útiles.

Una de las principales ventajas, al menos en apariencia, que nos permite Photoshop, es la conversión “impune” de imágenes de uno a otro espacio de color. Como cada espacio tiene sus propias características y limitaciones, este proceso debería llevarse a cabo de manera juiciosa, con mucho respeto por la imagen. Algunas conversiones, por lo drástico de los resultados, ya nos previenen de que estamos haciendo algo que modificará severamente la imagen editada: cualquier conversión de una imagen en color a escala de gris, por ejemplo. Sin embargo, otras conversiones pueden pasar por inocuas si se las juzga simplemente por lo que se ve en un monitor. En esta categoría encontramos al tope de la lista la famosa (y no por ello menos incómoda) conversión de RGB a CMYK.

Una vez que aprendemos que los colores en impresión se describirán, tarde o temprano, mediante alguna forma de CMYK, podemos llegar a tentarnos y hacer nuestras conversiones, pensando que a) sabemos lo que estamos haciendo; b) no tiene nada de complicado pues en el monitor la imagen se ve bien; c) le adelanto trabajo al impresor, quien “sí o sí” necesita imágenes en CMYK.

Sin embargo, es necesario lograr una toma de conciencia sobre este tipo de operaciones, para lo cual propongo dos sencillas reglas para la conversión de imágenes a CMYK:

  • Regla 1: NO convertir a CMYK.
  • Regla 2: Si es imposible aplicar la Regla 1, entonces NO convertir a CMYK todavía.

¿Cuáles son las razones para ser tan drástico? El origen de esas razones radica en las particularidades del sistema CMYK; seamos más específicos.

CMYK como sistema de comunicación de color

El sistema CMYK es lo que se denomina, en la jerga de la administración de color, color dependiente del dispositivo (device-dependent color); esto significa que si se nos ocurriera hablar de un determinado “color” simplemente por los porcentajes de las 4 tintas que lo forman, esta información es incompleta no ser que también especifiquemos, cuando menos, tres cosas más: el sistema de impresión que se utilizará, el tipo de tintas y el medio sobre el cual se imprimirán. (En realidad, también RGB describe color de manera dependiente del dispositivo; sin embargo, podemos esperar mayor uniformidad al ver imágenes en diferentes monitores que al imprimirlas en diferentes dispositivos. La razón es que la tecnología empleada en los monitores actuales es muy similar; las principales diferencias provienen de los distintos ajustes empleados en cada monitor, especialmente brillo y temperatura de color).

Como ejemplo, se muestran dos diferentes parches de color. Cada uno de ellos describe o significa un color en un sistema de impresión determinado; entonces veamos que colores “significan” en cuatro sistemas de impresión concretos:

  • Especificaciones americanas para offset a bobina, conocidas como SWOP (Specifications for Web Offset Publications), versión 2;
  • Estándar Europeo para papel estucado (Euroscale Coated), versión 2;
  • Impresora Tektronic Phaser III, según lo publicado por el fabricante;
  • Epson 4800 sobre papel semimate para pruebas, según mediciones obtenidas en un equipo real.
Parche CMYK SWOP Euroscale Tektronic Epson
50%, 40%, 40%, 0%
25%, 50%, 100%, 0%

Nota: los colores mostrados corresponden aproximadamente a los impresos en cada sistema si su monitor está calibrado y responde muy de cerca al estándar sRGB. No hay forma (todavía) de asegurar que los colores mostrados sean exactos, aún con su monitor calibrado, hasta tanto la programación de páginas web permita la administración de color, tanto en imágenes como en colores sólidos como los mostrados (ver El color en la Web). Sin embargo, esta simulación permite tener una idea de las diferencias relativas entre sistemas.

Este “experimento” nos muestra de qué forma un sistema CMYK particular nos ata a una cierta descripción numérica del color, que en general NO será valida en otros sistemas CMYK.

¿Por qué posponer la conversión a CMYK?

Aquéllos que desconocen los problemas clásicos de la impresión podrían pensar que usar RGB o CMYK para expresar el color de una imagen es indistinto, ya que pueden establecerse ciertas “simetrías” entre el color expresado en RGB y en CMYK; de hecho, los programas que manejan el color de forma rudimentaria usan la regla “CMY es uno menos RGB”, ya que cada primario de un sistema es opuesto a un primario del otro. Pero esto sólo es cierto si existieran, por ejemplo, tintas cyan capaces de absorber todo el rojo presente en la luz blanca; lo mismo para el magenta respecto del verde, y del amarillo respecto del azul. Como esas tintas hipotéticas no existen, la conversión a CMYK es más compleja que un simple “cambio de unidades”.

Por otro lado, la presencia de un cuarto componente negro altera totalmente esta supuesta simetría. En esencia, el agregado de negro reemplaza cantidades equivalentes de tinta de color para lograr tonos neutros semejantes con el objetivo de reducir costos (por la menor cantidad de tinta de color empleada), mejorar la reproducción (por la menor absorción exigida al papel) y lograr mejores tonos neutros (por el cuidadoso balance que exigirían las tres tintas de color para lograr esos tonos). Además, no existe una única manera de crear ese canal negro, por lo que deben definirse requisitos adicionales para ello; por ejemplo, es usual especificar una carga máxima de tinta, que no es más que la cantidad máxima que puede tener la suma de los 4 valores C, M, Y y K en cualquier lugar de la imagen.

Otro punto importante es que, si bien numéricamente CMYK tiene al menos tantas combinaciones para describir colores como RGB (de hecho más), eso no significa que existan más colores; la realidad es que tiene “menos” colores, muchos menos. Esto se expresa diciendo que la gama de color (gamut) CMYK es reducida en comparación con la de RGB, y tiene como consecuencia que muchos colores posibles en RGB no lo son en CMYK.

Por último, una imagen en CMYK es un traje a medida para un determinado sistema de impresión; no es fácil desarmar ese traje para adaptarlo a otro…

Con estas ideas en mente, vamos a contestar la pregunta planteada analizando qué tipo de trabajos se realizan habitualmente en una imagen:

  • Corrección de color global: cuando la imagen tiene un desvío generalizado de color (color cast), sea por falta o exceso de alguno de ellos, se impone una corrección a toda la imagen;
  • Retoque, entendiendo esto como eliminación de imperfecciones en la imagen, realce de detalle (sharpening) u otras ediciones que no modifiquen el color en general;
  • Trabajo artístico, incluyendo recorte, capas, aplicación de filtros, efectos, etc.;
  • Preparación de la imagen para una salida específica.

De las cuatro tareas listadas, sólo la última implica necesariamente una conversión a CMYK, suponiendo una salida impresa en un sistema convencional. En este caso, la conversión es también necesaria para evaluar el resultado de imprimir la imagen y hacer, en algunos casos, correcciones que tiendan a minimizar la pérdida de contraste que resulta en general de la conversión.

En cambio, las otras tres no sólo no se benefician de una conversión temprana, sino que inclusive en algunos casos se perjudican: una imagen CMYK requiere un 33% más de memoria que la misma imagen en RGB, y según la memoria disponible en nuestro equipo puede llegar a ser un proceso más lento. En cuanto al trabajo artístico, muchos filtros y efectos operan sólo en imágenes RGB, lo que nos obligaría a una reconversión para poder utilizarlos. Ya con estos argumentos uno está autorizado a demorar la conversión hasta que sea imprescindible.

A pesar de esto, algunas personas pueden encontrar ventajoso convertir a CMYK antes de iniciar el retoque, por la razón de que la corrección de color les resulta más intuitivo que hacerlo en RGB. Aún así, es preferible siempre realizar los primeros ajustes gruesos de la imagen en RGB (especialmente rango dinámico y color cast) antes de pasar a CMYK.

Publicado enColor ManagementImágenes

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